La gratitud manando a borbotones
desbordada sin remedio,
tal así, que sentí lo más certero
que conocía del amor.
- Si escribo mi primer libro
llevará una dedicatoria para ti,
te lo dedicaré, será mi regalo.
Era lo mismo que entregarte mi verdad
regalarte mis suspiros
y palpar mi aliento.
Era mostrarte mi vida
y atreverme a celebrarla contigo.
Solo sonreíste,
era más de lo que podías hacer.
- Es un regalo bonito,- me escuché,
en un intento de anestesiar el
silencio...
Me diste la razón, pero sin perder tu
compostura
tu aquí y yo allí, te lo prometo...
fiel a tu espacio y al mío.
Siempre.
Y ahí estaba yo,
intentando meter el firmamento entero
en un frasco de perfume.

