Cuando
conocí a María, confirmé que la línea que separa la locura de la cordura
es una goma elástica, que a fuerza de estirar y estirar se va
haciendo cada vez más
tensa y fina, hasta que inevitablemente acaba rompiéndose.
-
Bueno pues…por mi parte..eso es todo…ha dicho que se llamaba…
-Leocadio,
-Oh
si! Disculpe, Leocadio, encantado de conocerle, nos iremos viendo, no
dude en llamarme cualquier cosa que necesite.
Se
llamaba Gregorio, era alto y fornido y aunque de apariencia parecía
un tipo algo rudo, a la segunda palabra que salía por su boca, uno
ya se daba cuenta de que nada más lejos de la realidad. Si por algo
destacaba, era precisamente por su amabilidad y cercanía.
Miré
a Gregorio mientras se alejaba por el pasillo, hasta que despareció.
Entonces
la vi, era nueva, como yo, solo que ella no tenía miedo ni dudas en
su mirada, más bien no tenía nada, había dejado su expresión en
algun lugar para recogerla más tarde, cuando tuviese algo que
sentir.
La
que conducía la silla era Mª Jesús, mi compañera de planta, una
señora de mediana edad, muy risueña,cuya presencia me hacía sentir
aliviado.
-Mira
María, él es Leocadio, también puedes contar con él para todo, al
igual que yo, se va a encargar de tu bienestar y de acompañarte en
tus rutinas diarias…
Mª
Jesús siguió hablando pero eso fue lo último que le oí decir,
porque toda mi atención se centró en María, no podía dejar de
mirarla, parecía un personaje ficticio, alguien que había llegado a
la vida real por equivocación.
Al
día siguiente a las siete en punto de la mañana ya me encontraba en
las inmediaciones del centro, mi jornada laboral no comenzaba hasta
las siete y media, pero mi empeño por no llegar tarde en mi primer
día, me regaló esa media hora de cortesía. Después de vacilar
unos segundos, me dispuse a buscar un bar donde tomarme un café con
leche y simular que ojeaba el periódico.El café estaba demasiado caliente y el periódico demasiado solicitado, así que no tuve que
fingir nada. Fue fácil.
A
las siete y veinticinco, subía las escaleras principales y a las
siete y treinta minutos ya me encontraba con la bata blanca puesta,
esperando las indicaciones de mi compañera.
Mientras
íbamos visitando las habitaciones a uno y otro lado del pasillo, Mª
Jesús iba comentando aquello que consideraba importante que yo
retuviera y yo iba preguntando lo que creía conveniente saber…aunque
los dos sabíamos que algunas preguntas se formularían muchas veces
y otras respuestas vendrían solas.
-Lo
importante de esto, no es la medicina que le das a cada uno, sino la
sonrisa que la acompaña.Incluso para aquellos que parece que ni
siquiera perciben tu presencia, que te miran sin ver, aquellos que a
cambio te devuelven una mirada de odio, de indiferencia, de tristeza,
de terror, de amor, de ternura, de frío, de hambre, de soledad…para
todos, lo más importante es tu sonrisa, no lo olvides.
Y
no lo olvidé, confiando en el poder sanador de una simple sonrisa.
A
las 11 de la mañana era la hora del recreo y el esparcimiento, los
pacientes paseaban por los jardines que ordenadamente adornaban el
patio del centro, era un espacio central, amplio y luminoso, en el
que la luz del sol sobre sus cuerpos, les recordaba que seguían
vivos.
La
ví sentada en un banco de espaldas a un hermoso rosal de rosas
blancas, y entonces la observé desde lejos con atención. Y fue
cuando aprecié que era demasiado joven para su edad o demasiado
vieja al mismo tiempo. Alta, delgada, con una inexpresión que
invitaba a descubrirla y unos ojos que obligaban a no apartar la
mirada. Y en algún momento bella, muy bella.
Pronto
descubrí que todos los días ocupaba el mismo lugar en el jardín,
el banco de espaldas al rosal blanco ya le pertenecía, sacaba
entonces una libreta pequeña de su bolsillo y anotaba sin parar como
si de un cuaderno de contabilidad se tratara, de vez en cuando
elevaba ligeramente su mano izquierda y se ayudaba contando con los
dedos.
Un
día, mientras observaba desde lejos como María anotaba sin levantar
la vista de su libretita, pasó algo que hizo que todo mi mundo real
se tambaleara.
María,
atravesó el caminito de setos que nos separaban y se plantó delante
de mí , para mi sorpresa me invitó a compartir sus escritos para,
como ella misma me hizo saber: “dejara de hacerme un juicio
equivocado de ella”
-No
estoy loca – Me dijo, seguramente es lo que le han dicho.
Y
entonces ocurrió, conforme fui escuchando sus palabras fui
visualizando como la línea de la que hablaba al principio iba
tensandose más y más, y sentí algo de miedo, lo reconozco, aunque
también una hermosa paz.
-Mire,
dijo mostrandome su libreta.
Sus
hojas estaban llenas de números y más números, sin ningún tipo
de orden lógico, su tono de voz encerraba tanta evidencia ante lo
que me mostraba que no fui capaz de mostrar la más mínima señal de
falta de entendimiento.
-¡Oh!
¡Un gran trabajo!, se me ocurrio decir,- Le ha debido costar mucho.
-No
finja,- espetó en forma de reproche. Y con media sonrisa añadió:
-Ya se que no tiene ni idea lo que significan estos números, podrá
tacharme de loca, pero no de tonta, asique no se haga el listo
conmigo.
Tenía
toda la razón asique ¿qué más le podía decir?
-Llevo
meses observándole, he visto como me mira mientras anoto en mi
libreta preguntandose que es eso que trato de plasmar en el papel con
tanto ímpetu.
-Pues
bien, se lo diré, anoto el tiempo…
Y
entonces me habló de lo dificil que le resultaba evitar que no se le
mezclara el tiempo, y que cuando eso ocurría no distinguía entre
primeros, ni segundos, ni últimos. Me habló de cómo sólo los
diferenciaba momento después, cuando, en silencio, recostada en su
sofá, oía los pasos lejanos sobre el pasillo, desdibujado por el
paso de las horas y de los lamentos.
Me
habló también de cómo no se resignaba a perder aquello de lo que
todavía se sentía dueña: su tiempo, de cómo poco a poco, se lo
iban robando, por eso lo iba anotando en una libretita de tapas duras
y desteñidas que guardaba en el bolsillo de su pijama.
Anotaba
cada segundo que se le ocurría e iba sumando y restando minutos,
horas, dias y meses, incluso años…hasta que perdía la cuenta y no
tenía mas remedio que comenzar de nuevo….
-
Es difícil llevar la cuenta cuando a una le roban tanto,-¿ sabe?-
se justificaba ante los tachones y los números emborronados. Pero
algún día pagaran por ello.
-Todo
todito me tienen que devolver, no pido nada que no sea mío, solo
espero que para entonces tengan suficiente tiempo para indemnizarme,
con esta crisis tan grande, ¡cualquiera sabe! Pero a mi no me
engañan, se piensan que no llevo la cuenta, pero mírelo, aquí todo
anotadito que lo tengo, para reclamar lo que me corresponde, mi
tiempo, que me lo han robado, ¿sabe? Antes yo tenía mucho tiempo,
era mío, y lo compartía con mi hijo, ¿sabe? Yo tengo un hijo..y..¿
qué herencia le va a quedar a mi hijo, si estos desalmados estan
quitandome todo mi tiempo? Yo tenía mi tiempo…pero quieren que me
olvide de él ¿sabe? Por eso intentan dormirme con esas pastillitas
que me dan, pero yo, tonta no soy, por eso, antes de que me entre el
sueño, saco mi libretita y apunto y apunto.
-No
deje que le roben su tiempo nunca, es lo mas valioso que tiene, ¿qué
le queda a uno si no tiene tiempo para bailar, cantar, amar, reír,
soñar, besar, caminar, disfrutar, llorar…? Nada, no le queda
absolutamente nada.
-Me
consideran loca por reclamar mi tiempo ¿puede creérselo? por
anotarlo en esta libretita , se ríen de mí, porque pido una justa indemnización, ¿quien va a pagarme el tiempo que no me permiten
disfrutar con mi hijo? Sus ojos empezaron a humedecerse y lloró en
silencio.- Solo por querer ahorrar tiempo, por querer detenerlo, por
querer recuperarlo, por querer disfrutar de él y gastarlo a mi
antojo, por llevar la contabilidad del mismo...me llaman loca y me
encierran por ello….
-
Pero no se deje engañar…le harán creer que si en vez de tiempo,
cuenta el dinero, usted será más feliz….¡¡eso es de locos!! y
de ignorantes, pobrecitos,eso es porque no han disfrutado nunca del
valor de un instante.
-Hágame
caso, no deje que le roben el tiempo, a usted se lo digo porque me
cae bien.
En
ese momento, la línea se rompió, pude sentir el pánico, pude
imaginar gente corriendo despavorida, sin saber qué papel desempeñar
si el de “loco” o el de supuestamente “cuerdo”. Y desde hace
mucho tiempo, quizá más del que puedo imaginar, presiento que los
actores continúan saliendo a escena con los papeles invertidos.
- Vanesa Rodríguez-