sábado, 21 de marzo de 2015

EL VALOR DE UN INSTANTE




 Cuando conocí a María, confirmé que la línea que separa la locura de la cordura es una goma elástica, que a fuerza de estirar y estirar se va haciendo cada vez más tensa y fina, hasta que inevitablemente acaba rompiéndose.
- Bueno pues…por mi parte..eso es todo…ha dicho que se llamaba…
-Leocadio,
-Oh si! Disculpe, Leocadio, encantado de conocerle, nos iremos viendo, no dude en llamarme cualquier cosa que necesite.
Se llamaba Gregorio, era alto y fornido y aunque de apariencia parecía un tipo algo rudo, a la segunda palabra que salía por su boca, uno ya se daba cuenta de que nada más lejos de la realidad. Si por algo destacaba, era precisamente por su amabilidad y cercanía.
Miré a Gregorio mientras se alejaba por el pasillo, hasta que despareció.
Entonces la vi, era nueva, como yo, solo que ella no tenía miedo ni dudas en su mirada, más bien no tenía nada, había dejado su expresión en algun lugar para recogerla más tarde, cuando tuviese algo que sentir.
La que conducía la silla era Mª Jesús, mi compañera de planta, una señora de mediana edad, muy risueña,cuya presencia me hacía sentir aliviado.
-Mira María, él es Leocadio, también puedes contar con él para todo, al igual que yo, se va a encargar de tu bienestar y de acompañarte en tus rutinas diarias…
Mª Jesús siguió hablando pero eso fue lo último que le oí decir, porque toda mi atención se centró en María, no podía dejar de mirarla, parecía un personaje ficticio, alguien que había llegado a la vida real por equivocación.
Al día siguiente a las siete en punto de la mañana ya me encontraba en las inmediaciones del centro, mi jornada laboral no comenzaba hasta las siete y media, pero mi empeño por no llegar tarde en mi primer día, me regaló esa media hora de cortesía. Después de vacilar unos segundos, me dispuse a buscar un bar donde tomarme un café con leche y simular que ojeaba el periódico.El café estaba demasiado caliente y el periódico demasiado solicitado, así que no tuve que fingir nada. Fue fácil.
A las siete y veinticinco, subía las escaleras principales y a las siete y treinta minutos ya me encontraba con la bata blanca puesta, esperando las indicaciones de mi compañera.
Mientras íbamos visitando las habitaciones a uno y otro lado del pasillo, Mª Jesús iba comentando aquello que consideraba importante que yo retuviera y yo iba preguntando lo que creía conveniente saber…aunque los dos sabíamos que algunas preguntas se formularían muchas veces y otras respuestas vendrían solas.
-Lo importante de esto, no es la medicina que le das a cada uno, sino la sonrisa que la acompaña.Incluso para aquellos que parece que ni siquiera perciben tu presencia, que te miran sin ver, aquellos que a cambio te devuelven una mirada de odio, de indiferencia, de tristeza, de terror, de amor, de ternura, de frío, de hambre, de soledad…para todos, lo más importante es tu sonrisa, no lo olvides.
Y no lo olvidé, confiando en el poder sanador de una simple sonrisa.
A las 11 de la mañana era la hora del recreo y el esparcimiento, los pacientes paseaban por los jardines que ordenadamente adornaban el patio del centro, era un espacio central, amplio y luminoso, en el que la luz del sol sobre sus cuerpos, les recordaba que seguían vivos.
La ví sentada en un banco de espaldas a un hermoso rosal de rosas blancas, y entonces la observé desde lejos con atención. Y fue cuando aprecié que era demasiado joven para su edad o demasiado vieja al mismo tiempo. Alta, delgada, con una inexpresión que invitaba a descubrirla y unos ojos que obligaban a no apartar la mirada. Y en algún momento bella, muy bella.
Pronto descubrí que todos los días ocupaba el mismo lugar en el jardín, el banco de espaldas al rosal blanco ya le pertenecía, sacaba entonces una libreta pequeña de su bolsillo y anotaba sin parar como si de un cuaderno de contabilidad se tratara, de vez en cuando elevaba ligeramente su mano izquierda y se ayudaba contando con los dedos.
Un día, mientras observaba desde lejos como María anotaba sin levantar la vista de su libretita, pasó algo que hizo que todo mi mundo real se tambaleara.
María, atravesó el caminito de setos que nos separaban y se plantó delante de mí , para mi sorpresa me invitó a compartir sus escritos para, como ella misma me hizo saber: “dejara de hacerme un juicio equivocado de ella”
-No estoy loca – Me dijo, seguramente es lo que le han dicho.
Y entonces ocurrió, conforme fui escuchando sus palabras fui visualizando como la línea de la que hablaba al principio iba tensandose más y más, y sentí algo de miedo, lo reconozco, aunque también una hermosa paz.
-Mire, dijo mostrandome su libreta.
Sus hojas estaban llenas de números y más números, sin ningún tipo de orden lógico, su tono de voz encerraba tanta evidencia ante lo que me mostraba que no fui capaz de mostrar la más mínima señal de falta de entendimiento.
-¡Oh! ¡Un gran trabajo!, se me ocurrio decir,- Le ha debido costar mucho.
-No finja,- espetó en forma de reproche. Y con media sonrisa añadió: -Ya se que no tiene ni idea lo que significan estos números, podrá tacharme de loca, pero no de tonta, asique no se haga el listo conmigo.
Tenía toda la razón asique ¿qué más le podía decir?
-Llevo meses observándole, he visto como me mira mientras anoto en mi libreta preguntandose que es eso que trato de plasmar en el papel con tanto ímpetu.
-Pues bien, se lo diré, anoto el tiempo…
Y entonces me habló de lo dificil que le resultaba evitar que no se le mezclara el tiempo, y que cuando eso ocurría no distinguía entre primeros, ni segundos, ni últimos. Me habló de cómo sólo los diferenciaba momento después, cuando, en silencio, recostada en su sofá, oía los pasos lejanos sobre el pasillo, desdibujado por el paso de las horas y de los lamentos.
Me habló también de cómo no se resignaba a perder aquello de lo que todavía se sentía dueña: su tiempo, de cómo poco a poco, se lo iban robando, por eso lo iba anotando en una libretita de tapas duras y desteñidas que guardaba en el bolsillo de su pijama.
Anotaba cada segundo que se le ocurría e iba sumando y restando minutos, horas, dias y meses, incluso años…hasta que perdía la cuenta y no tenía mas remedio que comenzar de nuevo….
- Es difícil llevar la cuenta cuando a una le roban tanto,-¿ sabe?- se justificaba ante los tachones y los números emborronados. Pero algún día pagaran por ello.
-Todo todito me tienen que devolver, no pido nada que no sea mío, solo espero que para entonces tengan suficiente tiempo para indemnizarme, con esta crisis tan grande, ¡cualquiera sabe! Pero a mi no me engañan, se piensan que no llevo la cuenta, pero mírelo, aquí todo anotadito que lo tengo, para reclamar lo que me corresponde, mi tiempo, que me lo han robado, ¿sabe? Antes yo tenía mucho tiempo, era mío, y lo compartía con mi hijo, ¿sabe? Yo tengo un hijo..y..¿ qué herencia le va a quedar a mi hijo, si estos desalmados estan quitandome todo mi tiempo? Yo tenía mi tiempo…pero quieren que me olvide de él ¿sabe? Por eso intentan dormirme con esas pastillitas que me dan, pero yo, tonta no soy, por eso, antes de que me entre el sueño, saco mi libretita y apunto y apunto.
-No deje que le roben su tiempo nunca, es lo mas valioso que tiene, ¿qué le queda a uno si no tiene tiempo para bailar, cantar, amar, reír, soñar, besar, caminar, disfrutar, llorar…? Nada, no le queda absolutamente nada.
-Me consideran loca por reclamar mi tiempo ¿puede creérselo? por anotarlo en esta libretita , se ríen de mí, porque pido una justa indemnización, ¿quien va a pagarme el tiempo que no me permiten disfrutar con mi hijo? Sus ojos empezaron a humedecerse y lloró en silencio.- Solo por querer ahorrar tiempo, por querer detenerlo, por querer recuperarlo, por querer disfrutar de él y gastarlo a mi antojo, por llevar la contabilidad del mismo...me llaman loca y me encierran por ello….
- Pero no se deje engañar…le harán creer que si en vez de tiempo, cuenta el dinero, usted será más feliz….¡¡eso es de locos!! y de ignorantes, pobrecitos,eso es porque no han disfrutado nunca del valor de un instante.
-Hágame caso, no deje que le roben el tiempo, a usted se lo digo porque me cae bien.
En ese momento, la línea se rompió, pude sentir el pánico, pude imaginar gente corriendo despavorida, sin saber qué papel desempeñar si el de “loco” o el de supuestamente “cuerdo”. Y desde hace mucho tiempo, quizá más del que puedo imaginar, presiento que los actores continúan saliendo a escena con los papeles invertidos.
                                                                                                                                - Vanesa Rodríguez-
      

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