lunes, 13 de julio de 2015

NUESTRO MOLINO








     Muchos años han pasado ya, desde que te mirábamos con los ojos que regala el misterio, inventando historias de fantasmas, dotándote de un haz de terror.
      Nos gustaba mirarte así, con una mezcla de miedo y respeto, pero sobretodo, orgullo... ¡Eras más que un monumento! (al menos lo más parecido que se prestaba a ello).
     A día de hoy, todavía no poseemos ningún otro al que podamos ponerle ese título, nuestra iglesia es demasiado moderna para ello, y el emblemático “templillo” muy pocos se dignaron a reconocerlo como tal.
     Por eso tu, imponente, grande, fuerte, das al lugar en el que te levantas, la dignidad y el orgullo de los que te hemos sentido nuestro, porque al mirar por la ventana, ahí estabas, siempre...
Fuiste escenario silencioso de confidencias en las tardes de verano, y refugio de nuestros más íntimos ruegos. En tu interior, albergabas grandes secretos (los tuyos y los nuestros), recipientes en el que aún hoy, duerme la voz de la inocencia, de comienzos y finales, de sueños infantiles y deseos adolescentes.
     Fuiste testigo de nuestros primeros cigarros... (y de... ¡tantos últimos!) fumar hoy ya no está de moda, qué pena...¡con lo que nos costó tragarnos el humo!
     Y si de recordar se trata....
Hubo quien se ganó el título de valiente (casi héroe)  por atreverse, en una de esas mágicas noches de verano, a adentrarse en tu interior, mientras, con la luz tenue de una linterna, alumbraba por cada una de tus ventanas, como prueba de su honor. Los demás mirábamos atónitos, con una mezcla de recelo y admiración, sin duda, se las merecía... y muy gustosamente, cada presente le entregó, a su regreso sano y salvo, las cien pesetas pactadas.
     Hace años te pinté, hoy te escribo, es una forma de inmortalizar esa parte de la historia, de mi historia, a la que te siento unido.
     Hoy luces radiante, tu aspecto tenebroso se ha ido, ya no estás destinado a los destrozos del tiempo (saberlo fue un gran alivio...). Tu entrada ya no la custodian las zarzas, ni los niños y adolescentes ven en ti mayor atractivo. Pero...¡qué grande sigues siendo! Entrañable molino.... eres NUESTRO MOLINO.

                                                                                                  -Vanesa Rodríguez-





























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