Muchos años han
pasado ya, desde que te mirábamos con los ojos que regala el
misterio, inventando historias de fantasmas, dotándote de un haz de
terror.
Nos gustaba mirarte
así, con una mezcla de miedo y respeto, pero sobretodo, orgullo...
¡Eras más que un monumento! (al menos lo más parecido que se
prestaba a ello).
A día de hoy,
todavía no poseemos ningún otro al que podamos ponerle ese título,
nuestra iglesia es demasiado moderna para ello, y el emblemático
“templillo” muy pocos se dignaron a reconocerlo como tal.
Por eso tu,
imponente, grande, fuerte, das al lugar en el que te levantas, la
dignidad y el orgullo de los que te hemos sentido nuestro, porque al
mirar por la ventana, ahí estabas, siempre...
Fuiste escenario
silencioso de confidencias en las tardes de verano, y refugio de
nuestros más íntimos ruegos. En tu interior, albergabas grandes
secretos (los tuyos y los nuestros), recipientes en el que aún hoy,
duerme la voz de la inocencia, de comienzos y finales, de sueños
infantiles y deseos adolescentes.
Fuiste testigo de
nuestros primeros cigarros... (y de... ¡tantos últimos!) fumar hoy
ya no está de moda, qué pena...¡con lo que nos costó tragarnos el
humo!
Y si de recordar se
trata....
Hubo quien se ganó
el título de valiente (casi héroe) por atreverse, en una de esas
mágicas noches de verano, a adentrarse en tu interior, mientras, con
la luz tenue de una linterna, alumbraba por cada una de tus ventanas,
como prueba de su honor. Los demás mirábamos atónitos, con una
mezcla de recelo y admiración, sin duda, se las merecía... y muy
gustosamente, cada presente le entregó, a su regreso sano y salvo,
las cien pesetas pactadas.
Hace años te
pinté, hoy te escribo, es una forma de inmortalizar esa parte de la
historia, de mi historia, a la que te siento unido.
Hoy luces radiante,
tu aspecto tenebroso se ha ido, ya no estás destinado a los
destrozos del tiempo (saberlo fue un gran alivio...). Tu entrada ya
no la custodian las zarzas, ni los niños y adolescentes ven en ti
mayor atractivo. Pero...¡qué grande sigues siendo! Entrañable
molino.... eres NUESTRO MOLINO.
-Vanesa Rodríguez-

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